Los novelistas nos cuentan historias. Narran sobre el amor y el odio, la muerte y la vida, lo cotidiano y lo extraordinario, lo mágico y lo real, lo imposible y lo posible. Los escritores utilizan la palabra para transmitir historias. Y las historias cobran un protagonismo rabioso, se llenan de vanidad y amor propio: los libros, palacios reales, contienen historias, porque las historias son contenidos. El escritor toma la historia del barro, y con sus manos de escultor da forma. Nosotros, lectores, nos enamoramos del barro y olvidamos las manos, la forma en la que se cuenta la historia, la forma.
Novela: contenido y forma. Los que saben de esto, los que estudian y sistematizan lo que es buena literatura, siempre, siempre, siempre suben al trono a la forma. Se olvidan de la reina del pueblo, el contenido. Forma, forma, forma. Estética atemporal, eterna. Lolita. LO-LI-TA. El escritor Vladimir Nabocov esculpió de la manera más fina, precisa y hermosa la historia más aberrante, triste y dolorosa. Lolita no es una historia de amor. Lolita no es una novela erótica, ni romántica. Lolita es obsesión, es el hombre por encima de la mujer. Es la historia del abuso infantil, justificada racionalmente por un maniaco, un monstruo. Y la crítica la alabó y la alaba como lo que no es, amor. Abrir Lolita es abrir la mente de un personaje tan complejo como Humbert Humbert, un loco obsesionado por las niñas, que quiere verse como un enamorado medieval. Porque se justifica. La historia está plagada de hombres adultos casados con niñas. Como si eso fuera suficiente para que esas niñas sigan siendo casadas. Lo, no es sensibilidad; Lo es locura. Es la manera grotesca en la que un cuarentón ve a niñas, niñas bajo el eufemismo de ninfulas. Niñas que vuelven locos a cuarentones por esencia. Premujeres con la maldad dentro que atraen a pobres hombres indefensos a sus fauces. El contenido de esta novela no es bello, es el horror, es la locura. Y ahora sí, es locura contada de manera hermosa. Porque Vladimir (consiente o no) toma lo peor de nuestra realidad, de nuestra esencia y lo transforma en belleza.

No puedo criticar Lolita. Escribir Lolita, como novela, está al alcance de unas pocas personas. Privilegiadas capaces de captar la magia de combinar palabras de tal manera que cuenten, cuenten para siempre. Impecable desde la estética. No puedo criticar Lolita, pero si la consideración que tienen muchos de ella. Pese a ser una novela preciosa, no cuenta una preciosa historia. No podemos calificarla. Y muchos menos, tratarla de romántica, erótica. ¿Existe la novela erótica de un hombre con una niña? ¿o la romántica, acaso? No puedo aceptar que la manera en la que se cuenten las cosas, afecte a la consideración de lo que se cuente. No nos engañemos, las palabras no pueden camuflar la ética de nuestros corazones.
Texto: Cristina Jerez Jiménez
Ilustración: Laura Hernández Ojeda




