Director: David Lynch
Año: 1997
Género: Thriller psicológico
Duración: 135 minutos
[Con spoilers]
Lost Highway no nos narra una historia lineal, ni mucho menos con sentido alguno. Fred Madison (Bill Pullman) es un músico de jazz, que al parecer asesina a su mujer, Renee Madison (Patricia Arquette). Anterior a éste suceso, ellos reciben una serie de misteriosas cintas de vídeo en los que aparecen ellos mismos siendo grabados en su propia casa.
Fred es condenado a la cárcel y allí, algo extraño ocurre, se transforma en otra persona, en un joven que no sabe lo que está pasando o porqué despierta en la cárcel. Aquí se nos vienen a la cabeza preguntas que parecen sin respuesta; ¿A dónde ha ido nuestro protagonista? ¿ Qué tiene que ver el joven con Fred Madison? ¿Son la misma persona en épocas distintas? Éste chico, Pete Dayton (Baltazhar Getty) vive una aventura con la amante de un gangster (Robert Loggia), amante que es la versión rubia de la mujer asesinada. A partir de aquí la historia sigue su camino y se descubren cosas interesantes sobre la mujer de Fred, la cuestión es si este film rocambolesco tiene algún sentido detrás de toda esa historia.
Hay infinitas posibilidades, para algunos la realidad puede ser la primera parte de la película, y lo demás solo es cosa de Fred, como remordimientos que lo atormentan creando otro tipo de realidad en su mente (donde su mujer es descubierta como amante de un gangster, y él tiene la posibilidad de volver a estar con ella a partir de su hermana gemela rubia). Pero, por otro lado, toda la película puede ser la fantasía de la mente de un atormentado por los celos. Una complicada trama de celos, sexo y violencia.
Personalmente, es una película algo perturbadora, sobretodo con la presencia de cierto personaje con tez pálida, en una de las mejores escenas de la película. Este largometraje desconcierta y aturde. Como bien lo califica su género de thriller psicológico, en un viaje al fondo de la mente, es una increíble y caótica pesadilla que atrapa al espectador en su locura.
Plasma en ella, los miedos y obsesiones del público, las obsesiones del propio director, no es solo una historia, sino sensaciones desconcertantes a raíz de fotogramas, diálogos, actuaciones muy buenas y escenas que se quedan grabadas en la memoria.

